Recuento escénico 2016

Estimados opacos, opacas, opacxs, opaces, Opazos, no pacos, nopales, ópalos:

Bienvenidos al recuento escénico de 2016, mejor conocido como el año que superó a Tito Andrónico y a Game of Thrones en cantidad y variedad de muertes impactantes.

muertos2016Un año como todos, pero poderoso

Pero este no es un recuento de obituarios, sino de teatro (si es que se diferencian ambas cosas) sobre mis obras preferidas del 2016. Como es habitual, invocaré mi modo de vocero y empezaré con los datos duros:

Datos irrelevantes
Obras vistas entre los meses de enero a diciembre de 2016: 127 obras
Estrenos nacionales: 83
Puestas al día con reposiciones: 14 (Incluye 4 regionales)
Obras internacionales: 18 (Incluye dos transmisiones del National Theatre Live)
Repeticiones de obras vistas anteriormente: 12

Categorización de los estrenos nacionales santiaguinos vistos en 2015, por nivel de satisfacción:
– “Highway Star” (muy bien): 20
– “Good Vibrations” (bien): 28
– “Definitely Maybe” (regular): 25
– “Dazed and confused” (mal): 10

Vi menos obras que el año pasado, pero eso se puede adjudicar a que este año no tenía disponibles los jueves. El número significativo es la cantidad de estrenos, bastante menor a lo habitual. Fue curioso esta vez que las carteleras de abril y octubre, meses que se caracterizan por los estrenos de otoño y primavera respectivamente, estuvieran llenas de reposiciones de obras de años anteriores. Si lo vemos desde un punto de vista positivo, este fue un buen año para ponerse al día o repetirse obras; pero por otro lado la dramaturgia local estuvo bastante en receso, entre montajes de clásicos (internacionales y chilenos) y otros trabajos que priorizaron la experimentación visual y sonora.

Categoría “Highway Star”
Me aburrí de ordenar las obras por orden cronológico, así que hay nuevo formato esta vez. Como son justo 20 obras, están emparejadas por similitudes temáticas, formales o contextuales.

Los aniversarios internacionales:
Happy End, dirigida por Álvaro Viguera. Sueño de una noche de verano, dirigida por Héctor Noguera.

En 2016 se cumplieron 400 años desde la muerte de William Shakespeare y 60 años desde la de Bertolt Brecht, aunque ninguno de estos dos montajes es de carácter lúgubre. De hecho, Sueño de una noche de verano fue la única comedia shakespearana de la temporada, con una festiva puesta en escena que reforzó el juego abismante del acto final, donde el público disfrutaba identificándose con las reacciones de los personajes, ahora en situación de espectadores. Una efervescencia semejante observó con el musical Happy End, que fue la cuarta obra más popular de la temporada pero que le producía urticaria encefálica a la intelligentsia. Este contraste de percepciones le otorgó a este montaje la cándida capacidad de iniciar encendidas discusiones, ¿y proponer debate no es uno de los objetivos del arte?

Las chilenidades revisitadas:
Parecido a la felicidad, dirigida por Francisco Albornoz. La viuda de Apablaza, dirigida por Rodrigo Pérez.

Dos postales de una idiosincrasia nacional del pasado siglo XX, pero que aún resuenan potentes en el presente. Dos triángulos de amores no correspondidos complicados por aristas económicas. Dos sorpresas visuales en la puesta en escena que desestructuraron la visión tradicional ceñida a la época histórica original. Mientras que en Parecido a la felicidad, el derrumbe escenográfico replicaba el desmoronamiento de las expectativas de la protagonista sobre su sueño futuro de una vida ideal, en La viuda de Apablaza el vestuario adelantaba como una generación más joven acabaría por sesgar a la generación mayor que los sembró y cultivó.

Las quimeras americanas:
Chan!, de Teatro del Carmen. Casco azul, de Teatro Amplio.

Debido a la aislada y loca geografía de este país, las descripciones de otras naciones siempre suenan más atractivas. De ahí la obsesión por equipararse a los países desarrollados en las organizaciones internacionales, pero esos calcos culturales acaban develando las insuficiencias locales. En Chan! se expone cómo el anhelo intelectual adquirido y fomentado en una meritocracia norteamericana no tienen lugar dentro del remedo neoliberalista impuesto en Chile; mientras que en Casco azul las ingenuas intenciones de una misión de paz de la ONU se ven superadas cuando el pueblo tercermundista que pretenden proteger les trae una revolución inesperada.

Los trinidades femeninas:
Un minuto feliz, dirigida por Aliocha de la Sotta. Topografía de las lágrimas, dirigida por Sebastián Jaña.

La sociedad, el trabajo, la soledad y el tiempo se exploran desde el corazón caleidoscópico de tríadas femeninas. El amargo trago que implica la elaboración de la fantasía erótica como medio de subsistencia es servida ardiente en Un minuto feliz. En tanto Topografía de las lágrimas le da una vuelta de tuerca a Las sirvientas de Jean Genet, para demostrar las zancadillas morales en que trastabilla una intelectual progresista al intentar establecer una relación equivalente con su empleada doméstica. Ambas historias destapan una sumisión laboral que pasa desapercibida porque están asimiladas como una intimidad cotidiana.

Las cuantificaciones de la conciencia:
Teorema, de compañía Tercer Abstracto. El efecto, dirigida por Ana López Montaner.

Las preguntas sobre los procesos físicos que participan en la composición de la conciencia me atraen profundamente. De ahí que los rompecabezas cronológicos de compañía Tercer Abstracto me entretengan tanto; incluso aun cuando Teorema se dedique a investigar las aplicaciones de las matemáticas en vida diaria pero yo mantenga la costumbre de contar con los dedos. Más peculiar es el caso de El efecto porque su conflicto psiquiátrico está dosificado en el género de ficción que más me cuesta: el drama romántico. Ahí fue la concreción de la dramaturgia de la británica Lucy Prebble lo que me voló el cerebro.

Los hogares expuestos:
Los que vinieron antes, de compañía La Laura Palmer. Ñuke, de KIMVN Teatro.

Así como la forma influye al contenido, hay ocasiones cuando el lugar más indicado para el mensaje de una obra es afuera de una sala de teatro. Como ocurría con el ingreso a la ruca en Ñuke, que trasladaba inmediatamente al público y lo convertía en un testigo ineludible de las consecuencias domésticas de vivir día a día bajo la presión policial. Por otro lado, el característico trabajo documental de la compañía La Laura Palmer se volvió más cercano en Los que vinieron antes al disponer las biografías de los abuelos del director Italo Gallardo en una distribución museística que incitaba la curiosidad y la empatía.

Las aventuras familares:
Acercando el universo, charla TEDatral, de Ñeque Teatral. La guerra de las matemáticas, de Los Contadores Auditores.

Disfrutar con una obra familiar es el mejor antioxidante mental, y mejor aún es cuando las obras recorren temas poco transitados habitualmente. El formato contemporáneo de la charla TED realzaba de manera amena el material científico en Acercando el universo, siendo la clase de ciencias naturales más encantadora y rítmica a la que haya asistido. La guerra de las matemáticas obvió el currículum educativo y lanzó lejos los cuadernos para proponer una desopilante historia detectivesca con una galería de personajes aptos para crear una saga de secuelas y tener su propio álbum de láminas.

Las parentelas transfiguradas:
Youtube, una historia de la humanidad, de Colectivo Grupo 11. La trágica agonía de un pájaro azul, de compañía La Niña Horrible.

Protagonistas que enfrentan su emocionalidad individual contra las imposiciones colectivas de normalidad social, dentro de ambientes atípicos y atemporales. Un futuro donde la personalidad se ha liquidado por completo es el mundo vaticinado por Youtube, una historia de la humanidad, donde la plataforma virtual se ha vuelto un reservorio antropológico del repertorio de los evaporados sentimientos humanos. Al contrario sucede en La trágica agonía de un pájaro azul, donde la depresión de Nina resulta un enigma incomprensible para su extravagante entorno familiar, quienes habitan en una atmósfera de parodia decimonónica.

Las que vi dos veces en el año:
Realismo, de Teatro de Chile. Ópera, de compañía Antimétodo.

La categoría de la gula experiencial, en donde el lenguaje fue intervenido y sobrepasado por la condensación visual y la materialidad sonora. El acontecimiento interactivo en Ópera fue una buena contraparte al acto personal de haber visto la temporada completa de ópera del Municipal de Santiago, lo que me permitió hacer comparaciones conductuales frescas sobre los espectadores operáticos en cada ocasión. En el caso de Realismo, verla de nuevo fue una urgencia repentina ante la súbita disolución de Teatro de Chile. Quería revivir este puzzle perceptivo, donde los límites humanos son definidos por los objetos circundantes, antes de que la obra trascendiera a la memoria.

Las que me movieron el piso:
Demonios, dirigida por Marcos Guzmán. Oleanna, dirigida por Rodrigo Bazaes.

Estas fueron las dos obras que me dejaron marcando ocupado al salir de la función y por las que estoy deliberando como mejor obra del año. Ambas coinciden en que son textos extranjeros con más de dos décadas que mantienen la causticidad en sus palabras y sus personajes devienen a la ferocidad. Demonios, del sueco Lars Norén, fue un martilleo implacable a los espejismos de la adultez, exhibiendo los pasos falsos de una madurez endeble construída por la posesión efectiva y afectiva; pero al final la cima de este año se la lleva Oleanna, del norteamericano David Mamet, quien parece haberse anticipado a las fisuras del poder, a los choques de género, a la desconfianza mutua persistente y al surgimiento de la posverdad. Sin duda es la obra más representativa de los temas que penaron durante 2016.

Obras que me repetí de años anteriores: Agnetha Kurtz Roca Method, Clase, ¡Parlamento!, La Victoria, Xuárez, Donde viven los bárbaros, No tenemos que sacrificarnos por los que vendrán, La tía Carola, Jemmy Button, El taller.

Internacionales destacados

Mejor obra internacional: Plexus, de Aurélien Bory. Prefiero mantener la memoria del asombro y no saber cómo levitaba Kaori Ito entre esas cuerdas.

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País destacado: Argentina. Sí, está al lado, pero es más cómodo cuando las obras vienen a uno. Sobre todo cuando en un mismo año vi Los corderos, La Wagner, Otelo, Tierra del fuego, El loco y la camisa, Vigilia de noche y La omisión de la familia Coleman. Y no, la obra donde actuaba Ricardo Darín no me interesaba en absoluto.

Transmisión destacada: As you like it, del National Theatre. Porque, siendo honesto, aquí nunca se montará esta comedia shakespeareana. Así que verla en pantalla gigante, y además en inglés, me parece un reemplazo aurático más que satisfactorio.

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Otras menciones por categoría

Actores protagónicos destacados:
Bosco Cayo en El pago de Chile.
Gabriel Urzúa en Happy End.
José Soza en El aumento.
Tito Bustamante en Inútiles.
Alejandro Goic en Conferencia sobre la lluvia.
Marcial Tagle en Oleanna.
Francisco Ossa en La viuda de Apablaza.

Actrices protagónicas destacadas:
Geraldine Neary en Happy End.
Francisca Lewin en Pulmones.
Catalina Martin en Oleanna.
Samantha Manzur en Ópera.
Catalina Saavedra en La viuda de Apablaza.
Blanca Mallol en Jardín.
Antonia Zegers en Los padres terribles.

Actores de reparto destacados:
Juan Pablo Miranda en Sueño de una noche de verano.
Luis Dubó en Sueño de una noche de verano.
Gabriel Cañas en Happy End.
Cristian Carvajal en La viuda de Apablaza.
Juan Pablo Fuentes en La trágica agonía de un pájaro azul.

Actrices de reparto destacadas:
Bélgica Castro en Pobre Inés sentada allí.
Carmina Riego en Parecido a la felicidad.
Elvira López en Happy End.
Nona Fernández en La guerra de las matemáticas.
Marcela Salinas en Realismo.

Elencos destacados:
Categoría tríos y/o cuartetos:
Un minuto feliz
Topografía de las lágrimas
Demonios
Parecido a la felicidad
Casco azul
La dama de Los Andes

Categoría “Caben en un Fiat 600”:
Youtube, una historia de la humanidad
Realismo
Falsificadores del alma
Ñuke
Teorema
La trágica agonía de un pájaro azul

Dramaturgia destacada:
Hospital del Trueno, de Daniel Acuña.
Chan!, de Camila Le-Bert.
La trágica agonía de un pájaro azul, de Carla Zúñiga.
Topografía de las lágrimas, de Luis Barrales.
La dama de Los Andes, de Bosco Cayo.

Escenografía destacada:
El malentendido, por Manuel Morgado y Luis Alcaide.
Parecido a la felicidad, por Catalina Devia.
Ñuke, por Natalia Morales.
Realismo, por Claudia Yolin.
La trágica agonía de un pájaro azul, por Sebastián Escalona.

Vestuario destacado:
Sueño de una noche de verano, por Carolina Sandoval.
Ópera, por Toro.
Manual de Carroña, por Daniela Portillo
La viuda de Apablaza, por Catalina Devia.
La trágica agonía de un pájaro azul, por Elizabeth Pérez y Fran Pizarro.

Iluminación destacada:
Un minuto feliz, por Rocío Hernández.
El malentendido, por Belén Abarza.
Margot Loyola, yo no me quiero morir, por Francisco Herrera.
Oleanna, por Rodrigo Bazaes.
La trágica agonía de un pájaro azul, por José Miguel Carrera.

Composición musical destacada:
Teorema, por Pablo Serey.
Youtube, una historia de la humanidad, por Ricardo Zavala.
Oleanna, por Marcello Martínez.
Ópera, por José Manuel Gatica.
La trágica agonía de un pájaro azul, por Alejandro Miranda.

Interpretación musical destacada:
Sueño de una noche de verano
Happy End
Pobre Inés sentada allí
Acercando el universo, charla TEDatral
Numancia
Mención extra: Jemmy Button, ahora con la Orquesta de Cámara de Valdivia.

Sonido destacado:
El pago de Chile, por José Manuel Gatica.
Feos, por Benjamín Ortiz y Tomás Arias.
Un minuto feliz, por Fernando Milagros.
Las horas negras, por Gonzalo Rodríguez.
Realismo, por Juan Pablo Bello.

Banda sonora destacada: (o donde se devela mi lista de Spotify)
Demonios
Dark
La guerra de las matemáticas

Audiovisual destacado:
Feos, por Benjamín Ortiz y Tomás Arias.
Dark y Topografía de las lágrimas, por Pablo Mois.
Hija de tigre, de compañía La Laura Palmer.

Redes sociales destacadas:
Teatro Universidad Católica, por seguirme el juego.

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