La dama de Los Andes

Obra: La dama de Los Andes
Género: Comedia negra mnemotécnica

My body is a cage
We take what we’re given
Just because you’ve forgotten
That don’t mean you’re forgiven
Lorena Fries

ladamadelosandes

Si la cordillera de los Andes, baluarte omnipresente, es nuestra barrera geográfica de concepción del espacio, ¿no será también el límite en la percepción del tiempo? Después de todo, se asemeja a una imponente ola petrificada que sólo quiebra su imperturbabilidad con los deshielos, cuando desvela y devuelve los secretos que mantuvo bajo sus nieves. A menos que suceda una intervención natural, habitamos en un paisaje retenido. Si no hay cambios físicos tampoco hay avance cronológico, ni a su vez evocación del pasado. Con tantas rupturas requeridas, no es extraño que la memoria sea de formación tan frágil.

El cerebro de la septuagenaria presidenta de las “Damas de Rojo” de Los Andes está siendo erosionado por el Alzheimer. Es atendida en su desvanecimiento mental por tres compañeras de su organización, casi tan mayores como ella: Nuria, una profesora jubilada quien también está padeciendo los primeros síntomas de la misma enfermedad y que de pronto estalla en exabruptos; Genoveva, quien mantiene el optimismo aplicando consejos conductuales de revistas; y Tamara, quien está más preocupada de que la institución persista en su carácter “apolítico”, lo que es una manera concisa y contemporánea de decir “No me acuerdo, pero no es cierto. No es cierto, y si fue cierto, no me acuerdo”.

antunezchiuminattoIzq.: Nemesio Antúnez, La última cama, 1983. Der.: Pablo Chiuminatto, Sin título, 2014.

Las tres se turnan en los cuidados mientras esperan condensadas en un pequeña sala de estar circular, desde la que son impelidas al resto del escenario, que orbitan con vehemencia antes de retornar al punto de despegue. Esta dinámica gravitatoria refuerza el estado de vigilancia que oculta cada dama respecto de sus otras colegas. Barridas bajo la alfombra hay una polvareda de despidos decididos, amoríos amordazados y crímenes criogénicos. Así se establece la paradoja de que mientras buscan contener el olvido deteriorante de otra persona, intentan ignorar sus propios pecados pretéritos.

El estilo excéntrico e iconoclasta de Bosco Cayo está mejor tamizado en esta ocasión, matizado con instantes de tensión silente para equilibrar la extravagancia de la actuación. La caracterización gestual y vocal recargada son los rasgos elementales con los que colorea con un tinte cómico los dramas que desea retratar. Por eso ante la convivencia vibrante del trío de colaboradoras, la revelación de la presidenta resulta un contraste diáfano de realidad. Desde un cuerpo ya resignado con sus circunstancias viene a recordar que la historia es el espejismo de un tiempo atormentado, determinado por su eventual evaporación.

Funciones: Miércoles a sábado, 21:00 horas. Del 1 al 10 de diciembre en Centro Cultural Gabriela Mistral (Av. Libertador Bernardo O’Higgins 227, Santiago. Metro Universidad Católica). Regresa del 10 al 15 de enero de 2017 en Taller Siglo XX (Ernesto Pinto Lagarrigue 919, Recoleta. Metro Baquedano)

Ficha artística:
Dirección y dramaturgia: Bosco Cayo.
Elenco: April Gregory, Verónica Medel, Angélica Tapia y Ana María López.
Diseño de iluminación: Juan Ananía.
Diseño de escenografía: April Gregory.
Diseño sonoro: Santiago Farah.
Producción: Alfonso Arenas y Gastón Zepeda.

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