La trágica agonía de un pájaro azul

Obra: La trágica agonía de un pájaro azul
Género: Tragicomedia trastornada tornasolada

Normal the yearning when you go away
Normal you want them to stay
And these tears that run down your face
Hide them it’s a disgrace
Andrea Balboltín

tragicaagonia

Para Nina los días transcurren lánguidos como violines suspirando en el ocaso y su pena contenida gotea como lluvia sobre un piano. Roja, rojo bermellón, es el color de la mansión donde vive, roj@; puertas cerradas todo el día, sin que decir, sin que hacer. Sólo pensar en la finalidad y la finitud: En su hija Paula, muerta por una enfermedad hace tres años; en el padre de Paula, un payaso de circo que abandonó a Nina a los meses de embarazo; en su despido laboral, gatillado por una crisis emocional evacuada en el pasillo del supermercado. Por lo tanto, ya no es madre, nunca fue esposa y ahora ni es trabajadora; a los 40 años Nina ha quedado rezagada socialmente y es muy tarde para empezar de nuevo. Se ha vuelto un elemento deficiente y la única opción es retirarse de la cadena productiva. O sea, suicidarse.

valloton3Felix Vallotton. Izq.: Interior de cuarto rojo con mujer y niño, 1899. Centro: Mujer recostada, durmiendo, 1899. Der.: Chismes, 1902.

 

La trágica agonía de un pájaro azul es el cuarto trabajo de la compañía La Niña Horrible. En esta obra se refinan temas y elementos ya presentes en sus montajes anteriores: Sentimientos, Historias de amputación a la hora del té y En el jardín de rosas: Sangriento vía crucis del fin de los tiempos. Hay un relato común entre los personajes de estos trabajos: Protagonistas que están cerca de la muerte, nostálgicos por una relación afectiva; una figura maternal y sobreprotectora que intenta recuperar y rectificar el ánimo del personaje protagónico; y una bandada de autoridades exteriores que exponen e imponen su visión sobre el comportamiento considerado como de “sentido común” pero que posteriormente revelan sus contradicciones y la carencia de concordancia les hace caer en la cacofonía.

Matisse3.jpgHenri Matisse. Izq.: Mujer con sombrero, 1905. Centro: Zorah (mujer marroquí) de pie 1912. Der.: Madame Yvonne Landsberg, 1914.

 

Así también se ha depurado la evolución espacial de la compañía. En cada obra han ido torciendo la verosimilitud mediante la exuberancia surrealista, grotesca y simbolista. Previamente han propuesto mundos donde los personajes han surgido por refrigeradores, árboles o puertas en el suelo. Por eso llama tanto la atención que en esta ocasión la escenografía sea una recreación realista de una sala de estar de paredes altas. Es un rescate arqueológico-arquitectónico porque es una materialidad escénica en extinción, a la vez que un regreso al origen de los paradigmas tradicionales para derribarlos de nuevo. Un ambiente de fin de siècle decimonónico acogiendo la disolución identitaria del siglo XXI; aquí el espejo de la realidad ha sido trizado continuamente hasta convertirse en lentejuelas, pero aún mantiene sus bordes afilados.

Ernst3.jpgMax Ernst. Izq.: Después de nosotros, la maternidad, 1927. Centro: Marlene (madre e hijo) 1940. Der.: Compendio de la historia del universo, 1953.

 

La correlación cromática de los personajes colorea sus conductas. Nina, disimulada inicialmente en traje naranjo y pelo negro, se transmuta a su opuesto complementario, teñida rubia y ataviada en añil para ritualizar su sublimación. Ema, su madre, siempre estancada en escarlata, mantiene una apariencia vivaz aunque teme por el desangre de su estabilidad doméstica. Las amigas de Ema son un trío desplumado de madrinas encopetadas, con Cecilia y Norma en comedidos rosado y viridián, aunque la líder Elena usa un severo púrpura oscuro, cual hematoma represor. La gradación rojo-azul separa a quienes intentan retener emocionalmente a Nina (la doctora, la colega del trabajo, el payaso, el nuevo pájaro azul) de los marginados que fueron “invitados” a colaborar pero sus propias vidas ya tienen drama de sobra para sumarse a conflictos ajenos: el travesti contratado para ser pareja de Nina, envuelto en jirones musgosos; la zamba costurera, exótica en dorado y magenta; el/la joven salvaje que se hace pasar por Paula, con un tono de piel tan elusivo como su androginia. Esta muchedumbre extravagante es como si Klaus Nomi habitara una pintura postimpresionista.

Magritte3.jpgRené Magritte. Izq.: El terapeuta, 1937. Centro: Memoria, 1948. Der.: La gran familia, 1963.

 

Estos seres fuera del cuadro siempre han sido el interés discursivo de la compañía, en especial en cómo se plantea la imagen pública de la femeneidad, lo que hasta ahora han investigado en relación al sexismo, el travestismo y la vejez. Lo novedoso esta vez es que aparecen sujetos que no participan del binarismo categórico de género. Por un lado está Julia (o Julio), quien debido a su crianza silvestre no comprende la separación de roles, pero curiosamente su ambigüedad física no causa conflicto en el entorno conservador mientras se dedique a imitar a Paula. Sólo cuando por inconsciencia comete el desliz lingüístico de decir “Me llamo Paulo”, es amonestada (o amonestado) instantáneamente. En tanto Nina causa incomodidad por su transgresión a las normas, pero no por sublevación, sino que por indiferencia. Para ella se acabó el amor, romántico y/o familiar, y son los demás los que insisten en que Nina siga viva, pero más bien para satisfacer sus propias expectativas proyectadas de lo que se define como “ser mujer”. Por esto es que Nina decide salirse del marco y, agotada por todo esto, a una serena muerte vuela.

 

Funciones: Se presentó del 29 de septiembre al 30 de octubre en Teatro Camilo Henríquez (Amunátegui 31, Santiago Centro).

Ficha artística:
Dirección: Javier Casanga.
Dramaturgia y Asistencia de dirección: Carla Zúñiga.
Asistencia de Montaje: Diego Cubillos.
Elenco: Felipe Zepeda, Juan Pablo Fuentes, Coca Miranda, Carla Gaete, David Gaete, Sebastián Ibacache, Mario Olivares, Vicente Cabrera, Ítalo Spotorno, Maritza Farías, Claudia Vargas.
Producción: Minga Producción Escénica.
Diseño Escenográfico: Sebastián Escalona.
Realización: José Miguel Carrera, Diego Rojas.
Diseño de Vestuario: Elizabeth Pérez.
Asistente de Vestuario: Fran Pizarro.
Diseño de iluminación: José Miguel Carrera.
Música: Alejandro Miranda.
Voces: Elisa Vallejos.
Trapecio: Carlos Troncoso, Matías Keim.
Periodista: Marietta Santi.
Análisis dramático: Natalia Castro.

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