Ñuke

Obra: Ñuke
Género: Drama racial meridional

In every headline we are reminded
that this is not home for us”
Héctor Llaitul

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La ruca donde se presenta la obra Ñuke, instalada en el frontis de Estación Mapocho, es muy sorprendente. Esta observación arquitectónica no sólo es por la reapropiación territorial que plantea visualmente, resaltando de inmediato en uno de los cruces viales más transitados de Santiago. Lo más asombroso ocurre al entrar: el interior es más amplio de lo que uno supone y el mundanal ruido externo se disipa. Así se convierte en una cápsula dimensional que trae directamente desde el sur las dificultades geoculturales que enfrenta una familia mapuche. Además la distribución de los espectadores, pegados al muro de la ruca y rodeando a los actores, obliga a una percepción tan cercana que uno se siente como un invasor de la intimidad.

La construcción de esta vivienda está hecha hasta el más minucioso detalle de ambientación, con telares a medio hilar, ajíes secándose en sus vigas y el infaltable fogón al centro. Esta necesidad por una puesta en escena naturalista se puede considerar como un paso progresivo dentro del estilo de dirección de Paula González, tanto por su trabajo con KIMVN Teatro como con otras compañías. Desde su primera obra, Ñi pu tremen (Mis antepasados), González ha demostrado un interés continuo por la creación de base documental y biográfica, y con cada obra ha explorado una mayor recreación realista. En Ñuke llega al punto donde, aún respetando un límite ficcional, involucra al espectador a compartir el mismo contexto especial que los personajes, presionando así la intangible distancia entre público y lugar de representación.

Esta tensa interacción entre cuerpo y espacio potencia la comprensión de los múltiples dilemas expuestos. Primero está la constante amenaza exterior del ingreso violento de fuerzas policiales. Estas condiciones intolerables llevan a su vez al debate parental sobre si deben enviar a Kalén, el hijo menor, a la escuela. Por una parte ahí recibe una educación que le permitiría surgir socialmente, pero también le enseñan conocimientos irrelevantes para su comunidad natal. También está la ausencia de Pascual, el hijo mayor, apresado y acusado sin pruebas por terrorismo. Carmen, la madre, intenta mantener el frágil tejido familiar pero las hebras han sido quemadas y quebradas por la imposición de otra cultura sobre la propia.

Ante esta aculturación forzosa uno como espectador chileno queda sobre una cuerda floja moral, al igual como le sucede al personaje de la Profesora de Kalén. Es inconsistente solicitar una posición solamente occidental sobre los choques históricos de coexistencia, cuando no hay un intento por entender de manera equivalente los conceptos de la cultura mapuche, ni siquiera su idioma. Aquí el texto de David Arancibia mejora su exposición de esta tema en comparación con su obra anterior, Awkarayen, adaptación de la tragedia clásica Antígona, ya que en esta ocasión le otorga contradicciones y vacilaciones a cada personaje, lo que favorece la capacidad de reconocimiento con los dilemas individuales sobre la justicia social y la identidad nacional.

Esta esfumación identitaria también se exhibe en la muestra de artes visuales del artista Danilo Espinoza que complementa y comparte nombre con la obra de teatro. Recrea antiguas fotografías cotidianas de mujeres mapuche mediante la aplicación de humo sobre papel, produciendo una imagen puntillista sobre un formato que connota por su delicadeza material el temor por la disolución de un pasado, y por ende de su futuro. En ambos trabajos queda patente la preocupación de un pueblo que resiste para no ser borrado ilegalmente de la tierra.

Funciones: Jueves a sábado, 20:30 horas. Domingo 19:00 horas. Del 7 al 24 de julio en Centro Cultural Estación Mapocho (Plaza de la Cultura s/n, ex Estación de Trenes, Metro Puente Cal y Canto, Santiago Centro)

Ficha artística:
Dirección y dramaturgismo documental: Paula González Seguel
Dramaturgia: David Arancibia Urzúa
Elenco: Viviana Herrera Martínez, Claudio Riveros Arellano, Elsa Quinchaleo Avendaño, Francisca Maldonado Herrera, Karime Letnic Vallejos, Fabian Kurinaw Astudillo y Jesús Jorquera Aguilera.
Asistencia de dirección: María Valenzuela Maibee
Dirección de arte, gráfica y audiovisual: Danilo Espinoza Guerra
Diseño escenográfico e iluminación: Natalia Morales Tapia
Realización escenográfica: Patricio Muñoz
Diseño de vestuario: Karime Letnic Vallejos
Composición musical: Evelyn González Seguel
Sonido: José Alva Seguel
Intérpretes musicales: Sergio Ávila Durán, Allyson Campos Banda, Benjamín Espinoza González, Evelyn González Seguel.
Producción general y prensa: Francisca Babul Guixé

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