El pago de Chile

Obra: El pago de Chile

AFICHE PdC (1)

La minería del cobre ha sido el suero histórico de la economía nacional, por eso la suculenta tajada de la Ley Reservada produce tanto apetito. Esa misma hambre lleva a explotar vetas que se mantienen en pie de puro milagro geológico, hasta que las tripas del yacimiento rugen y colapsan. Aunque el mundialmente mediatizado rescate de la mina de San José se usó como imagen país de resiliencia, la investigación judicial a los dueños de la mina quedó botada como desecho de relave. Mientras tanto, la tierra sigue engullendo a los que se alimentan necesariamente de ella.  

El pago de Chile se basa en registros de esos mineros olvidados que no pasaron ni por la desgracia ni por la fortuna posterior de sus 33 colegas atrapados de 2010, pero cuyos cuerpos están igual o aún más estropeados por otros tantos desastres laborales. Es un cúmulo de historias de pueblo polvoriento concentrado en un unipersonal, un formato dramático que ha recobrado fuerza en los últimos años. Por su tema, la obra comparte rasgos con otras obras de inspiración minera, como la visualidad penumbrosa de Chiflón, el silencio del carbón (Cía. Silencio Blanco) y la indiscreción familiar de Minero 34 (Teatro La Cafiche).

La esencia de esta obra surge con la soledad del protagonista: Iván Soto, un jefe de turno recién nombrado, quien debido al desgaste mental por las faenas mezcla sus pensamientos privados entre las anotaciones diarias. Así en el aislamiento subterráneo dialoga con recuerdos íntimos de su pareja Mirta o evoca situaciones abrasivas con sus compañeros de trabajo. También se manifiesta un narrador en tercera persona, quien relata sucesos significativos de la vida de Iván, con una relación importante se revelará al final de la obra. Es este enfrentamiento con sus voces internas lo que hace que Iván refleje una ansiedad muy humana y sensible.

La interpretación de Bosco Cayo se armoniza afiatadamente con la personalidad modesta del protagonista, expresando la hondura de sus emociones con una sencillez de gestos y movimientos, lo que resulta acertado para complementar con la atmósfera aprisionante del acotado espacio escénico. Ese entorno ennegrecido de la mina también hace que el sonido adquiera un rol preponderante para constituir un ambiente enclaustrado. Mediante ecos, reverberaciones y estrépitos, el suelo va advirtiendo sobre los riesgos de un hombre que escarba en su propia oscuridad.
Funciones: Lunes a sábado, 21:00 horas. Domingo, 20:00 horas. Del 3 al 13 de enero, en Taller Siglo XX (Ernesto Pinto Lagarrigue 191, Recoleta, Metro Baquedano).

Ficha artística:
Dirección: Soledad Cruz Court
Dramaturgia: Florencia Martínez
Producción: Francesca Ceccotti
Elenco: Bosco Cayo, más las voces de Sebastián Plaza y Carol Henríquez
Diseño integral: Valentina San Juan
Música y sonoridad: José Manuel Gatica
Periodista: Francisca Oróstica
Jefe técnico: Eduardo Gallagher
Realización escenográfica: Guido Reyes
Registro audiovisual: Lucas Martínez
Efecto lumínico: Cristobal Riffo
Proyección: Eduardo Cerón

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