La respuesta

Obra: La respuesta
Género: Comedia burocrática con la magia del sur

“ Something’s coming sky is purple
Dogs are howling to themselves.”
Marcelo Lagos

respuesta

La respuesta nos ofrece la fricción tectónica de dos placas idiosincráticas nacionales.

Por un lado, muestra la resiliencia adquirida ante el ciclo constante de desastres naturales, pero también desentierra el aprovechamiento desentendido que brota en la adversidad.

En 1960, días después del terremoto de Valdivia, unos campesinos intentan recuperar su rutina tras considerar que el gobierno ya no llegará con ayuda a su alejada localidad. En eso aparece un grupo de documentalistas estatales, que recogen testimonios filmados de los afectados.

El choque cultural es instantáneo y provocará más réplicas posteriores que la reciente catástrofe. Para los citadinos, los sureños son taimados y escurridizos, reacios a hablar o participar y apenas considerables como pertenecientes a la civilización. Para los lugareños, los capitalinos podrían ser fácilmente no sólo extranjeros sino que extraterrestres, con sus máquinas extravagantes. Ellos requerían víveres y les llegaron con cámaras cinematográficas.

Este roce se expresa certeramente en todos los elementos de la puesta en escena. Tanto la corporalidad como el lenguaje difiere entre ambos bandos y es el epicentro de sus enredos comunicativos. El registro de las declaraciones avanza a tropezones porque los locales no comprenden las enrevesadas instrucciones ni los propósitos propagandísticos (ni que decir de las obsesiones artísticas) de sus visitantes. Aunque hablen un idioma en común, sus variantes dialectales son mutuamente desconocidas. Este estancamiento de entendimiento obliga a que parte de las entrevistas sean ficcionadas para cumplir los objetivos promocionales. Sólo después del relajo y el encuentro humano surge una mejor solución, pero incluso más fabulada.

Esta seguidilla de lucha implícitas entre tecnología y naturaleza persiste visual y auditivamente. El vestuario revela el contraste material entre las toscas lanas oscuras, pardas y azules, de la indumentaria austral con los textiles procesados en colores vibrantes, amarillos y verdes, de las prendas urbanas. La música también funciona en la misma frecuencia, al unir la calidez y sencillez de las cuerdas con la sonoridad futurista e inoxidable de los sintetizadores.

Otro punto atractivo, y agradable, de la obra es el interés de presentar un período histórico poco abordado. Aún con tantas divergencias, ambos grupos comparten cierta candidez anímica de un país donde todavía funcionaban los trenes y existía una noción firme de comunidad.

Porque por más que todos los involucrados sepan que la grabación finaliza en fantasía, lo hicieron con la intención de dar un mensaje optimista al mundo. Peor sería la nada, tal vez.

Por mientras, la energía ctónica vuelve a acumularse subrepticiamente, hasta el próximo sismo.

Funciones: Viernes y sábado, 21:00 horas. Domingo, 20:00. Del 31 de julio al 30 de agosto, en Teatro del Puente (Metro Baquedano).

Ficha artística:
Dramaturgia y Dirección: Franco Toledo.
Elenco: Andreina Olivari, Jacinta Langlois, Rafael Contreras, Pablo Manzi, María Paz Grandjean, Guilherme Sepúlveda.
Asistencia de dirección: Antonia Bannen.
Diseño integral: Los Contadores Auditores.
Músico: Ricardo Zavala.
Registro audiovisual y fotográfico: Alejandra Bitrán.
Producción: Katy Cabezas.

Encargada de prensa: Verónica Correa

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