Sueño americano

Obra: Sueño americano
Género: Drama onírico distópico

“Now here I go again, I see the crystal visions
I keep my visions to myself.”
Eugenio Tironi

Sueño

Al igual que en otras áreas de las artes nacionales, en teatro también es la generación actual la que les exige explicaciones, desde el presente, a sus predecesores respecto al devenir histórico de las décadas de los setentas y ochentas. Así se ha visto anteriormente en Superhéroes en tu jardín de Daniela Contreras Bocic y en Hijos de… y Ese algo que nunca compartí contigo de Claudia Hidalgo, donde los descendientes tienen que escudriñar en los secretos familiares para comprender el origen oculto de sus obstáculos personales. Para quienes crecieron en los noventas, la actitud de sus padres era similar a si vinieran saliendo de una larguísima película de terror de transmisión prohibida.

Sueño americano muestra los efectos de esta misma brecha, aunque desde una perspectiva más alegórica. Esto se debe a que en el conflicto dramático se entretejen rasgos de dos textos teatrales clásicos: la carga anímica de vengar a un padre desaparecido, cual Hamlet, en un contexto donde la frontera entre la realidad y la ilusión se diluyen, como en La vida es sueño. Esta unión se plantea desde un ambiente contemporáneo, con un cineasta enclaustrado en un departamento minúsculo donde se confronta con las resonancias polisomnográficas de tres fantasías: la permanencia de su amante, la desavenencia con su hermano congresista y el reencuentro con el espectro paternal.

Debido a esta estructura narrativa tríptica, cada sueño es autoconcluyente en su presentación. El segmento inicial comienza con una atmósfera sosegada e íntima de relación de pareja, aunque tiene un ritmo un tanto lento. La atención se reactiva con el siguiente cuadro, donde la fricción entre ambos hermanos, de pareceres y destinos opuestos, devela más detalles, a veces contradictorios, sobre el pasado consanguíneo. Además el ingreso imprevisto de una prostituta, que se anuncia como un regalo de cumpleaños, llega a aportar más acción al enfrentamiento fraternal y en su rol de distractivo erótico busca evitar el despertar del protagonista. El sueño final regresa a una calma inquietante, con la revelación al padre del derrumbe utópico.

El escepticismo político generalizado actual es un consecuencia de observar constantemente como ambas direcciones del espectro político están erosionadas éticamente. El ideario de izquierda también cayó dentro de la concesión económica, pactando la persistencia del status quo y la negligencia judicial. Tanto la utopía socialista como el ideal neoliberal se han fundido en una quimera conceptual y materialmente insostenible. Esa es la agria noticia que le entrega el hijo a su progenitor sobrenatural  y todo indica que el próximo mandatario será un nombre repetido, por lo que aún no habrá posibilidad de un amanecer distinto.

Funciones: Jueves a sábado, 20:30 horas. Domingo, 19:30. Del 30 de julio al 16 de agosto, en Teatro Sidarte (Metro Baquedano).

Ficha artística:
Compañía: Los Robinson
Dirección y dramaturgia: Manuel Ortiz
Producción: Andrea Vera Puz
Elenco: Ana Laura Racz, Gonzalo Durán Córdova y Nicolás Fuentes González
Diseño escenográfico e iluminación: Marcelo Parada
Música: Deby Kauffmann
Vestuario: Carla Chacón
Fotografía y diseño gráfico: Eduardo “Mono” Cerón
Realizador audiovisual: Jano Ubilla

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