Lucía

Obra: Lucía
Género: Comedia negra iconoclasta

“Life is very long, when you’re lonely.”
Jiang Qing

Lucía

Si se revisa con atención los flujos de la creación teatral local del último par de años, una obra como Lucía iba a aparecer más temprano que tarde. Recientemente, las obras de temática política se han presentado con una propuesta más desenfadada, abordando un período tenebroso con un humor igual de oscuro, como en El taller de Compañía La Fusa y La imaginación del futuro de Teatro La Resentida. También están los casos donde se desmenuzan las utopías setenteras y sus efectos posteriores, como en Allende, noche de septiembre de Luis Barrales y La UP de Marco Antonio de la Parra. Además, recorriendo ruta desde el presente, la generación post-dictadura de El año en que nací y Queridos Compatriotas escarban explicaciones a partir de los registros, biográficos y discursivos respectivamente, de las décadas antecesoras. En todo este diagrama de Venn sólo faltaba apuntar corpóreamente los dardos dramáticos al centro de la diana, hacia nuestra principal parejita tiránica.

La primera en salir al baile es Lucía “Lady Macbeth de Lo Curro” Hiriart (A Pinochet le toca zapateado en la recién estrenada No tenemos que sacrificarnos por los que vendrán de Colectivo Zoológico). El espectro en vida de Hiriart ya andaba penando antes en escena: es la antagonista intangible en Bello Futuro de Teatro Síntoma, donde un grupo de integrantes de CEMA Chile planea una revuelta antes de su anunciada visita. Por otro lado, en un ejemplo foráneo, en la lectura dramatizada de Soy como ustedes, me encantan las manzanas, de la alemana Theresia Walser, se reunía a tres esposas de dictadores (Margot Honecker, Imelda Marcos y Leila Ben Ali) en una conferencia de prensa para una posible película. Al ver eso era inevitable preguntarse “¿Cómo reaccionaría Hiriart en este caso?”.

En esta obra se ubica a la ex primera dama en una situación parecida: Ante la invitación para una entrevista de un periódico extranjero, decide salir del enclaustramiento y regresar al mundanal ruido, en gloria y majestad desde su antigua oficina del Edificio Diego Portales. Sin embargo, tras dos décadas ya nada es igual, debido a una muerte y transfiguración arquitectónica del inmueble: las manillas de las puertas están invertidas, la fachada es traslúcida y un pez gigante de mimbre levita manso afuera. Socialmente también surgen divergencias con su jerarquía apolillada: Ya no tiene un séquito de carabineros que la atienda exclusivamente y su único acompañante en el lugar es un guardia de seguridad de este nuevo edificio, quien le presta escaso interés y menor respeto.

El tono del montaje difiere diametralmente de la obra anterior de la compañía, Medusa. Mientras esa historia de un trío de frentistas prisioneras que devienen en delatoras clandestinas era tensa y claustrofóbica, acá el ambiente es jocoso y hasta paródico: Carmina Riego interpreta deleitosamente a esta señora siútica, atascada en un pasado de visitas internacionales fallidas, pilas de cajas de artesanías inútiles, y su imposición de parámetros morales sobre la noción de familia que nunca aplicó a la propia, pues sembró a una casta maldita. Para ella, el resto del mundo es el que está errado, incluso al punto de amonestar póstumamente a su marido por ocurrírsele morir el mismo día de su cumpleaños. Frente a esta fierecilla capturada por las jaulas del tiempo, el guardia (Gonzalo Pizarro) se dedica a observarla y hostigarla indirectamente; lo suyo no va por una funa personal sino el desprecio generalizado, pero aún así le advierte que afuera acecha una incertidumbre imprevisible.

Ronda en el aire la pregunta de si corresponde tratar a la historia y a sus personajes, en particular de la dictadura, de manera humorística. Por una parte, este cuestionamiento puede deberse a una añoranza de ver enjuiciados realistamente (al menos en escena, si no ocurre en tribunales) a ciertos responsables. Pero Lucía funciona con otro objetivo, lo suyo se acerca conceptualmente más a la festividad compartida de la quema de monigotes. En este punto me ciño a las palabras de Mel Brooks, quien dice que el humor es una defensa ante el universo y que es la mejor palanca para botar villanos. Por eso él agarró al ícono de Hitler y lo insertó en un musical de Broadway para que cantara afectadamente la siguiente frase:

“It ain’t no mystery / if it’s politics or history. / The thing you’ve got to know is / everything is showbiz!” (No es ningún misterio / sea en la política o la historia. / La cosa que debes saber es / que todo es espectáculo).

Funciones: Jueves a sábado, 20:00 horas. Domingo, 19:00 horas. Del 4 al 26 de julio, en Centro Cultural Gabriela Mistral (Av. Libertador Bernardo O’Higgins 227, Santiago Centro. Metro Universidad Católica). La última semana se agotó con anticipación, así que muy probable que vuelva más adelante.

Ficha artística:
Dramaturgia: Ximena Carrera.
Dirección: Sebastián Vila.
Elenco: Carmina Riego y Gonzalo Pizarro.
Diseño integral: Catalina Devia.
Confección de vestuario: Sergio Aravena.
Música original: Felipe Martínez.
Intérprete: Loyda Venegas.
Producción Ejecutiva: Ximena Carrera.
Co-producción: Compañía La Trompeta y GAM.

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2 comentarios sobre “Lucía

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