Las dimensiones del tiempo

Obra: Las dimensiones del tiempo
Género: Drama familiar intergeneracional

“Not much to believe in
Left up on a shelf
So get your coats we’re leaving
We’ll just do something else”
María Jesús Sanhueza

dimensiones

Un temor compartido en la sociedad chilena es que el tiempo se repita. Quizá es un efecto pavloviano por habitar un territorio donde siempre se vive en cuenta regresiva para el siguiente desastre natural. Cívicamente aún persiste una dialéctica encenagada, pero ahora extrapolada digitalmente en las redes sociales: bastó un rumor de desabastecimiento de gasolina a través de Whatsapp para que resucitara el espectro de la Unidad Popular, a partir desde cierta cota topográfica. Por si fuera poco, además reapareció el cuerpo decadente de Gutenberg Martínez, cual antiguo espíritu del más allá, implorando implícitamente por la mantención del status quo.

El asunto es que el río social ya no es el mismo de antes, porque la sequía de credibilidad perturbó su caudal. En Las dimensiones del tiempo, la puesta en escena se reparte entre dos épocas: La trama ocurre en 2006, en plena Revolución Pingüina, donde una joven madre soltera (Daniela Olmos) de clase media baja, empleada en un local de fotocopias, inicia un debate doméstico pues desea usar los ahorros hogareños para viajar a España por un curso de capacitación; en desmedro de financiar una mejor educación para su hijo (Claudio Vallejos), un muchacho con Síndrome de Alicia (un trastorno neurológico visual) quien posee una perspectiva más adulta que su progenitora, influenciado por el impulso reinvindicativo de los estudiantes.

El otro período es el presente, desde donde los intérpretes interpelan abiertamente las decisiones de sus personajes con su experiencia propia; pues en menos de una década han visto el paso del entusiasmo de comienzos del siglo XXI al escepticismo globalizado online. Esta interrogación interactiva era también el rasgo más atrayente de la obra anterior de La Máquina Teatro, Yo, Manuel, aunque esta vez es usada de manera más coral que simbiótica. Acá estas intervenciones interesan por el reflejo persistente entre ambos años, con lo que se remarca el estancamiento discursivo político que sólo ha intensificado la reverberación del hastío público.

El intercambio entre ambos tipos de escena va adquiriendo más naturalidad a medida que avanza la obra, hasta culminar en un magistral quiebre de juego proveniente de la abuela (Andrea Ubal), la integrante más juiciosa del trío familiar. La dramaturgia urde con paciencia los segmentos narrativos; de una intimidad detallista, con los cuestionamientos metateatrales; que aumentan su eficacia al proponer una observación atingente sobre el contexto contemporáneo. Al final, este pinponeo temporal nos abre las puertas para preguntarnos, esperanzadoramente, las posibilidades para arreglar, sin parches, el ambiente actual. Mientras tanto, los congresistas danzan y la olla de grillos hierve ininterrumpida y sin atención.

Funciones: Viernes, 21:00 horas. Sábado y domingo, 20:30 horas. Del 3 al 26 de julio, en Anfiteatro Bellas Artes (Parque Forestal s/n, al costado norte del Museo Nacional de Bellas Artes. Metro Bellas Artes.) Función extra: Jueves 23 de julio, 21:00 horas.

Ficha artística:
Compañía: La Máquina Teatro.
Dirección y dramaturgia: Cristián Ruiz.
Elenco: Andrea Ubal, Daniela Olmos y Claudio Vallejos.
Músico: Alfredo Rossel.
Diseño Integral: Gabriela Massa.
Asistente de Dirección: Félix Venegas.
Productor: Carlos Rosas.

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