La tempestad

Obra: La tempestad
Género: Fábula trágica cómica histórica pastoral

“Look at his tower of stone
I see a rainbow rising
Look there, on the horizon.”
William Blake

Tempestad

Como todos ya han comentado al respecto, opinaré.

  1. “Columnas térmicas”

El debate sobre la autoría de esta versión no tiene mucho punto por los siguientes motivos: 1) Shakespeare era principalmente un adaptador de argumentos apañados desde otras fuentes literarias; fueran comedias antiguas, crónicas históricas o cuentos populares. Aunque curiosamente La tempestad parece ser una de sus pocas tramas originales y más encima tiene la carga anímica de ser un testamento en vida. 2) Aún considerando la trascendencia de los textos clásicos, una localización siempre es necesaria para el público local. Una buena adaptación debe ser tradicional y transgresora a la vez, algo que resulte reconocible a la vez que refrescante. Si alguien requiere el texto original, se puede hacer una fortaleza escondida con tomos del Primer Folio. 3) Con cuatro décadas de trayectoria y siendo el tronco matriz de gran parte de la generación más joven de dramaturgos, Juan Radrigán puede hacer lo que se le venga en su reverenda gana. Si hay un escritor nacional que logra el mismo nivel que la bardolatría y que amerita este chipe libre, es él.

  1. “Cumulonimbos ascendentes”

Entonces sería Radrigán camuflado de Shakespeare. Citando a un conocido meme virtual: ¿Quién dijo que eso es malo? Es bacán.Además, por casualidades del calendario, me tocó ver en noches sucesivas El príncipe desolado (texto de Radrigán que tardó 17 años para ser montado; pero cuya dirección, por Alejandro Quintana, dejó disconforme al dramaturgo) y La tempestad. Fue llamativo observar los reflejos y refracciones entre las dos obras: ambas son protagonizadas por individuos sobrehumanos castigados con un exilio implacable, deseosos de una restauración intrínseca, pero incapaces de conseguirlo a pesar de sus habilidades. Sin embargo, el contexto temporal remarca las diferencias: Vahos de dictadura impregnan el Edén encerrado de El príncipe desolado, donde la mera presencia de Luzbel a las afueras de la ciudad es la ignición de la inapelable hecatombe posterior. En cambio Próspero, a pesar de su clamor de resarcimiento, funciona con el pragmatismo transitivo de las medidas posibles. Avanza más dando un paso hacia atrás y pacientemente traiciona sus propias convicciones con tal de retomar su posición de poderío.

  1. “Expansión troposférica”

Esta cualidad iconoclasta no sólo se remite al texto, sino que al montaje en su totalidad: La tormenta titular es invocada visiblemente por un eolífono, las melodías barrocas son arrasadas por una reverberación ondeante, la iluminación conduce un claroscuro que perpetúa un encantamiento acotado; el vestuario de los animales y las ninfas pareciera provenir desde una alucinación technicolor, contrastando con la opacidad de los personajes humanos. La atmósfera general es la de una fantasía desestructurada, similar al desengaño cuando se revelan los mecanismos de los carros alegóricos abandonados después de un carnaval. En medio de estos vestigios de vigilia se testimonian los cambios en las relaciones entre Próspero y sus “sirvientes” Ariel y Calibán, en comparación al texto original. En particular a la privación de la libertad de ambos, sea en la imposibilidad de conceder la mortalidad a Ariel o el rechazo de Calibán a un indulto insuficiente ofrecido por Próspero.

  1. “Precipitación convectiva”

Así Ariel y Calibán acaban abusados en el desenlace de este cuento de hadas amargo, siendo los únicos excluidos del arcoiris de la alegría consensuada. Del resto, Miranda y Ferdinand, a pesar de su juventud e ignorancia del pasado, conocen las reglas del juego desde su nacimiento; mientras que Antonio y Alonso saben que un arrepentimiento diplomático otorga otra oportunidad. Esta intensa desazón política y social también se manifestaba en Memorial del bufón; incluso la recriminación del bufón burócrata contra una élite impávida comparte el tono punzante con la despedida severa de Calibán. Pero aún cuando el mundo mágico circundante está naufragando en las encuestas, nuestros “príncipes” y “nobles” persisten en la característica coterránea congénita de hacerse los cuchos. El paraíso prometido se ha descuidado al punto de convertirse en una isla de ruidos y el invierno llegó sin lluvias pronosticadas para limpiar el aire.

Funciones: Miércoles a sábado, 21:00 horas. Del 15 de mayo al 27 de junio, en Centro Cultural Gabriela Mistral (Av. Libertador Bernardo O’Higgins 227, Santiago Centro. Metro Universidad Católica).

Ficha artística:
Dramaturgia: William Shakespeare. Versión Juan Radrigán
Dirección: Rodrigo Pérez
Elenco: Claudia di Girolamo (Próspero), Moisés Angulo (Ariel), Francisco Ossa (Calibán), Mariana di Girolamo (Miranda), Jaime Leiva (Ferdinand), Manuel Peña (Alonso, Rey de Nápoles), Rodrigo Soto (Antonio, Hermano de Próspero), Guillermo Ugalde (Capitán).
Diseño de escenografía e iluminación: Catalina Devia
Diseño de vestuario: Pablo Núñez
Música original: Santiago Farah
Realización Escenografía: Rodrigo Iturra
Producción de Vestuario: Alexis Paredero
Confección de Vestuario: José Vergara
Guitarras: Tomás Gubbins
Asistente de Dirección: April Gregory
Asistente de Escenario: Daniela Leiva
Producción: Maritza Estrada
Producción general: GAM

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