Campo

Obra: Campo
Género: Drama burgués recóndito

La mujer, el vidrio, el tornado, el jardín primitivo,
yo, la flor, saltando, fugitivo, no, no, no…
que no, que no, que no…
Vicente Huidobro

Campo 1
La noche que vi esta obra hubo un temblor de 5 grados Richter, el que no percibí porque justo en ese instante regresaba a la gran mansión en el gran carruaje. Por ende, inspiraré la redacción de ésta crítica a partir de la terminología sismológica (con la ayuda de Marcelo Lagos mediante). En “Campo” suceden dos fenómenos dramático-tectónicos simultáneamente. Primero, la acumulación energética al interior de una brecha familiar: La matriarca, quien ya tambalea entre la vejez y la desmemoria, cita a su parentela para una reunión de aniversario, que el resto supone tratará sobre la herencia. Segundo, la reactivación de un antiguo enjambre sísmico: El regreso de uno de los hijos, quien aparece después de haber arrancado hace 15 años atrás por motivos personales, dejando a su mujer abandonada y a cargo de su madre.

Entre el choque de estas dos placas argumentales rebrotan las réplicas de un evento enterrado por sus participantes que el resto de la familia todavía desconoce. A esto hay que sumarle un conjunto de fachadas agrietadas alrededor: condiciones económicas hundidas, relaciones materno-filiales tensas, posiciones sociales erosionadas. Todos los personajes aparentan una situación más privilegiada de la que realmente tienen, excepto un taxista foráneo al entorno familiar, quien entiende mejor las reglas del libre mercado que los mismos privilegiados en la cima. Mientras tanto en el living la burbuja festiva persiste, formada entre la nostalgia aznavouriana y cataratas de litros de pisco sour; incluso cuando ya no hay una alfombra para ocultar debajo los secretos y afuera la naturaleza yazca estancada, casi muerta, por el descuido.

Aún con tanta actividad epicéntrica, “Campo” es una historia sutil: La evasión y el mutismo son las vigas que entraman el conflicto, con lo que la hibris se cuece a fuego lento, como curanto en hoyo. Masivamente se hacen los lesos respecto al declive, la casa cruje entera pero todo está (y es más, debe estar) bien. Por eso mismo ésta también es una historia común, porque independiente de la clase social, cada familia esconde tácitamente algún vestigio truculento (o varios) que le da sabor a su aspiracional árbol genealógico, pero que nadie sacaría directamente a luz por ese temor congénito nacional sobre el “¿Qué dirán?”. Aquí hay que destacar la acertada selección e interpretación del elenco en un montaje en donde las acciones imprevistas transmiten tanto como lo que hay oculto detrás de las frases aprendidas de buena cortesía.

Evaluación: Entre los sismos de Algarrobo de 1985 y el de Punitaqui de 1997.
Recomendado para: Vecinos voyeurs, vástagos vagabundos, viejos vinagres.
Funciones: Viernes y sábado a las 21:00 horas, domingo a las 20:30 horas, del 11 de julio al 17 de agosto, en Teatro del Puente (Parque Forestal, al costado del Puente Pío Nono, Metro Baquedano) Entrada general $6000. Estudiantes $3000, Tercera edad $4000.

Ficha Artística:
Dirección: Cristián Marambio
Dramaturgia: Isidora Stevenson
Elenco: Naldi Hernández, Nona Fernández, Juan Pablo Miranda, Manuela Oyarzún, Jaime Omeñaca, Alejandra Oviedo, Rodrigo Lisboa, Catalina Vera
Diseño Integral: Los Contadores Auditores
Música: Marcello Martínez
Producción: Francisca Babul

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