Delirios de Papel

Obra: Delirios de Papel
Género:
 Oda tragicómica en celulosa

“Said it is only a paper moon
Sailing over a cardboard sea,
But it wouldn’t be make believe
If you believed in me.”
Charles Fenerty

Delirios-de-papel-1

El papel es uno de los inventos más perdurables y versátiles de la historia de la humanidad, y su cotidianidad nos demuestra su capacidad de casi volverse una segunda piel: El olor a queque de vainilla que desprenden los libros antiguos, los segmentos económicos que envuelven a los pescados de la feria, los millones de votos salivosos en las urnas (último chiste electoral, para cerrar el ciclo) y las cuentas que llegarán tarde por las fiestas de fin de año. Más allá de las campañas ecológicas y servicios electrónicos, el papel sigue ahí, imperturbable e impertérrito, y por eso es el protagonista esencial de la obra Delirios de Papel de la compañía hispano-chilena La Llave Maestra.

Al inicio una gran pantalla de papel impoluto cubre toda la extensión del escenario, la cual comienza a agitarse en un temblor rítmico, acompañada por un colorido juego lumínico. Un pequeño barco de cartón cruza a través de la pantalla, hasta que se corta un agujero en la pantalla revelando a una sirena, la que luego se manifiesta como una verdadera Caribdis al tragarse de manera suculenta y de un bocado a la nave. Ya la primera escena nos anticipa el estilo de las escenas siguientes: historias breves, ensoñadoras, sugerentes, muy divertidas pero usualmente con finales agridulces. Así distintos recortes y rayados en spray nos van introduciendo en la historia de varios personajes y sus diversas suertes: un hombre que es operado forzosamente en un cyborg; el amor de una pareja de títeres que culmina en un desenlace operático llameante; un par de enanos vociferantes interpretando una canción con un doble sentido sonrojante, entre tantos otros.

Mis dos escenas favoritas fueron las más opuestas en tamaño, pero similares en usar una estética más sencilla aún y con finales más alegres: Primero, el rostro gigante con boquita de plumas que canta entusiasta “Non, je ne regrette rien” hasta que se le revientan sus ojos. Segundo, los muñequitos de papel que salen arrancando con globos desde los agujeros, excepto uno que no logra levantar vuelo, discriminado por su propio peso (admito que aquí espere un final al estilo de los cortos animados de Don Hertzfeldt). Ya para cuando la pantalla tiene más hoyos que un queso y está más rayada que paradero de buses, se desgarra dando inicio a una acelerada y alocada escena de matrimonio, donde el público es invitado a lanzar pelotas de papel al término de la ceremonia. ¡Felicidades a los novios! ¡Que reciban los papeles buenos de la vida (como el testamento de algún pariente perdido) y que eviten los papeles malos (como una declaración judicial de divorcio)!

Evaluación: Citando al observador bonaerense Clemente: “¡Tiren papelitos, muchachos!”
Recomendado para: Envolvedores de regalos navideños, papiroflexistas empedernidos.
Funciones:  Viernes y sábado a las 21:00 horas, domingo a las 20:00 horas, hasta el 29 de diciembre en Anfiteatro Bellas Artes (Parque Forestal, al costado norte del Museo de Bellas Artes, Metro Bellas Artes). Entrada general $4.000. Estudiantes y tercera edad $3.000.

Ficha artística:
Compañía: La Llave Maestra
Dirección: Álvaro Morales
Elenco: Edurne Rankin, Roberto Cobian, Álvaro Morales y Elizabeth Dastres.
Música: Gorka Pastor
Sonido: Walter González
Escenografía y Vestuario: La Llave Maestra
Diseño de Iluminación: Patxi Larrea y el Ejercito de la Luz
Gestión: Álvaro Morales

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