Mártir

Vuelvo a las canchas después de una extendida pausa. Para los que estaban ávidos de curiosidad de saber porque desaparecí por casi dos meses, aquí van las explicaciones: Me separé de las redes para concentrarme en mis afanes literarios. Estaba escribiendo una “adaptación libre” (término tan en boga) de Las ranas de Aristófanes. Claro que en vez de dioses griegos en ésta ocasión son alienígenas de Ganímedes, que raptan a dos dramaturgos terrestres (un anarquista que sólo crea con apoyos estatales y un posmoderno que pegotea referencias cinematográficas europeas) para que produzcan obras para los innumerables centros culturales construidos en la luna joviana. Sin embargo, ninguno de los dos escritores satisface a los extraterrestres, por lo que ambos son rebanados como carpaccio. Esta chamber play ya está guardada bajo llave en mi bureau (junto con otras tantas más) y verá la luz en invierno, cuando la lance al fuego de la chimenea para esas noches frías. Pero basta ya de mis devaneos dramatúrgicos y regresemos a la escena nacional. Por suerte hay una obra que quedé con ganas de reseñar en su primera temporada y que ahora está en reposición.

Obra: Mártir
Género: Drama electoral inmolador

“Substitute your lies for fact
I can see right through your plastic mac
I look all white, but my dad was black
My fine linen suit is really made out of sack”
Franco Parisi

Martir

Estamos a un punto de terminar con la seguidilla de elecciones presidenciales, después de lo que ha sido un año bastante acrobático. Los políticos han tanteado mil y un peripecias para mantener equilibrada la torre de Jenga de la credibilidad institucional, tembleque ya sea por las réplicas de las protestas sociales o la erosión silente de la mayoría abstinente. Así elevan plegarias al cielo y al padrón electoral, para que no se desplome después de tantas décadas de esfuerzo consensuado y apelan a que se mantenga el ciclo de la vida, Simba: Que el iracundo dirigente estudiantil de ayer se pueda volver el diputado besa-guaguas (no come-guaguas) de mañana. Sin embargo, los grillos en la angosta y larga olla ya andan medios agotados. Toda esta batahola electoral por pocas nueces es recogida y procesada por la compañía Teatro La Calderina en su obra Mártir.

Boris Saavedra, un simpatiquillo alumno con amplia sonrisa de tercero medio, es elegido por un bando para que sea su rostro oficial en la campaña para presidente del centro de alumnos. Para atraer más votantes, es guiado por otra alumna partidista, Luisa Larraín (de seguro pariente de Carlitos y Hernancito), quien funciona como su manager y asesora de imagen, enseñándole las técnicas necesarias para responder evasivamente en los debates y adoctrinándolo en la ideología que buscan instalar en los estudiantes. Sus reuniones de trabajo ocurren a escondidas en un sótano del colegio porque contienen un elemento perverso: para que la campaña sea plenamente efectiva, ésta requiere que el candidato se convierta en un mártir, asesinándolo públicamente durante la campaña de cierre para que el impacto del sacrificio vuelvan los propósitos del partido en un fenómeno de masas irrefutable.

Boris acepta este plan de manera reacia al inicio, pero se va entibiando a medida que Luisa lo entusiasma a ello. Aunque lo más estremecedor en esta relación, incluso más que las ansias de status quo o de fama póstuma, es que la dinámica de esta pareja logra ser empática. Esto es porque ambos personajes se apoyan mutuamente en sus propósitos, aunque sean temibles, y sus conversaciones son amenas y chispeantes. Logran establecer una gota de honestidad entre tanta intriga y crean una estima mutua, a pesar de que todos sabemos que están obligados a traicionarse y mantener sus roles hasta el final. Así en la tripa del espectador se produce una sensación que mezcla el recelo, la compasión y el suspenso.

Cuando vi la obra en su primera temporada en julio, el cadáver (metafórico) de Golborne había sido retirado hace apenas un mes, las primarias se deshicieron de los tres ex-ministros chiflados y el rugbista de Allamand fue desalojado. Desde entonces ha corrido demasiada agua: a Longueira se le desplomó la adrenalina y asumió la novia de Chucky como la candidata de derecha. La plétora de candidatos independientes, a pesar de todo su barullo, terminaron chocando entre ellos mismos. Mientras tanto, la contendora principal observaba la chimuchina desde la otra ribera. Ver Mártir, después de tantos debates y cuerpos que quedaron en el camino, puede ser un acertado resumen de fin de año y un llamado de conciencia sobre la desvencijada educación cívica nacional. Después de todo un voto es un voto es un voto y si la ciudadanía considera que ha tropezado con la misma piedra, entonces le pueden echar la culpa a la rotación terrestre.

Evaluación: “Amigos, romanos, prestadme vuestros oídos. Os los devolveré el 2018.”
Recomendado para: Los lectores de Malaimagen y los futuros asesores cesantes (¡Holi, Pablo Ortúzar!)
Funciones:  
Viernes y sábado a las 21:00 horas, domingo a las 20:00 horas, hasta el 14 de diciembre en Taller Siglo XX Yolanda Hurtado (Ernesto Pinto Lagarrigue 191, Barrio Bellavista, Metro Baquedano). Entrada general $5.000. Estudiantes y tercera edad $3.000.

Ficha técnica:
Compañía: Teatro La Calderina
Dirección y dramaturgia: Daniel Aguirre Navarro
Asistente de Dirección: Isabel Fonseca Alomar
Diseño Integral: Natalia Chávez
Elenco: Marcela Fernández Reyes, Luis Riveros Silva
Producción: Marcela Fernández

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